En 1985 Javier Hurtado fundador de Irupana, formado en ciencias sociales
y activista político desde 1973, llega a la conclusión de que la agricultura en
manos de pequeñas comunidades indígenas en el occidente de Bolivia y también en
la Amazonía y el Chaco se convierte en la mayor ventaja comparativa que tiene
el país para un mundo globalizado post moderno y cada vez más ávido de
productos sanos. Aquel año, Javier retornó de su exilio en Alemania donde
conoció y participó de la emergencia del mercado ecológico y el surgimiento de
las primeras pequeñas “Alternative Laden” que fueron el modelo de sus primeras
tiendas Irupana en Bolivia.
A comienzos de 1985 comienza siendo Socio y aprendiendo de Café Norita, una
pequeña industria torrefactora de propiedad de su amigo y ex camarada de
partido Jorge Zuna y hacia finales del mismo año inicia sus actividades
industriales como "Industrias Alimenticias de Irupana". Comienza
comprando café directamente de los productores de las comunidades de la región
de Irupana, el mismo que desde siempre fue y es un producto orgánico. Sin
mayores costos de transición, sacó al mercado el primer café tostado 100%
orgánico y de alta calidad en el país.
Comenzó el emprendimiento con 4000 dólares y una camioneta Toyota usada, sólo
tenía una tienda y alquilaba una de las tantas torrefactoras paradas en la
ciudad; con un solo trabajador y la ayuda de su señora Madre Blanca Mercado, se
compraba, se tostaba y se vendía. A los pocos meses abrió su primera Agencia
“Ecológica Irupana” en la calle Eloy Salmón y luego en la Calle Zoilo flores,
cerca del populoso Mercado Rodríguez donde sus ventas comenzaron a crecer y
comenzó su diversificación vendiendo Arroz Integral de Caranavi.
Javier no tenía grandes recursos pero había comprendido que las pequeñas
empresas como los países pobres no pueden competir con los grandes en los
mercados de consumo masivo y ordinario. Sólo podía producir pequeñas cantidades
de buena calidad y su mercado inicial eran los extranjeros y las clases medias
altas con cultura nutricional.
En 1990 se unió definitivamente a su vida Martha Cordero, pedagoga y también
activista política y con gran conocimiento de la alimentación natural y
vegetariana y con quien habían compartido su trabajo profesional en áreas
rurales de Bolivia. A los pocos meses Martha formó parte de la planilla de Irupana
y desde entonces fueron compañeros en la formación de una familia con Angel y
Camilo, sus hijos, y en la construcción y el desarrollo de este modelo de
negocios que fue y es pionero de muchos emprendimientos de pequeña y mediana
industria ecológica que hoy existen en Bolivia.
Javier junto a Martha diversificaron rápidamente la oferta de las tiendas
Irupana, inicialmente compraron de otros pequeños productores para quienes las
tiendas Irupana fueron también su plataforma de llegada al mercado; miel de abeja,
granolas, galletas, infusiones de frutas, chocolates y otros. Más tarde y ante
la necesidad de fomentar una agricultura diversificada que practican los
campesinos comenzaron a comprar otros productos como Cañahua, Quinua, Amaranto,
Cebada, Tarhui, Mango y Naranja, Miel de abeja, Propóleos, Polen, variedades de
Maiz, etc. El año 1992 comenzaron una de las líneas más exitosas de la empresa:
La panadería Irupana, de panes integrales de trigo molido en molinos de piedra,
sin uso de mejoradores químicos y horneado en hornos de ladrillo. Panes y
repostería enriquecida con cereales andinos y leguminosas como la Soya y el
Tarhui.
Hoy en la ciudad de La Paz, Irupana tiene sus productos en trece agencias de
venta y en dos de la ciudad de El Alto, en ambas ciudades hay más de 40
emprendimientos de ese tipo. Es la única metrópoli en América Latina con esa
amplia oferta de productos naturales y orgánicos. Este privilegio es producto
del espíritu emprendedor andino y sobre todo de las bondades de la diversidad
ecológica con que nos premia la Madre tierra en Bolivia.
Martha y Javier aprovecharon su ventaja comparativa: el conocimiento de la
ecología del país, de las comunidades indígenas y el hecho de comprender que
con tecnología muy simple era posible producir productos de calidad orientados
hacia los nichos de mercado de la clase media y alta con cultura nutricional y
años más tarde para su exportación al mercado global.
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